Adolescentes

VERANEO, ADOLESCENTES Y LUGARES SIN INTERNET: UNAS VACACIONES DE RIESGO

Por fin. La felicidad es completa: toda la familia reunida en ese largo y deseadísimo viaje a un país exótico con el que se lleva todo el año soñando. Ya se ha pasado lo peor : las diez horas de avión, el cambio horario, el insomnio, … Ha llegado la hora de disfrutar, pero, de repente, todo parece irse al traste. Lo que prometía diversión, ilusión y descanso puede convertirse un infierno. La culpa: la falta de conexión. El adolescente de la familia acaba de darse cuenta de que no tiene acceso a Internet y, por lo tanto, a sus grupos a what´s up , snapchat, a instagram y a quién sabe cuántas aplicaciones más.

Un malhumor incontrolable es el primer síntoma de que es víctima de lo que los expertos han bautizado con las siglas FOBO , Fear of Being Offline, es decir, miedo a estar desconectado.

Según la directora médica de Clínicas Origen, Pilar Conde, este síndrome no es ni mucho menos un hecho aislado y parar corroborar esta afirmación recurre a una encuesta realizada por Facebook en 2014. Según dicho estudio, el 70% de los menores de 24 años tiene miedo de estar desconectado. Tal como aclara la psicóloga, miedo a perderse algo de una vida, la digital, que se impone cada vez a la otra, la real.

Este miedo, puntualiza, se expresa en la necesidad no sólo de pasar más tiempo en las redes sociales, sino también en querer participar, contestar, para mantener la conexión con los que están al otro lado. Cuando no se consigue es cuando aparece el síndrome de abstinencia que se identifica en las siguientes pautas de comportamiento:

  • Ansiedad
  • Irritabilidad al no encontrar conexión, o ante la imitación del tiempo a conexión
  • Inseguridad y miedo
  • Búsqueda activa de wifi en cada sitio que se encuentra
  • Problemas de concentración

No se trata de un comportamiento excéntrico o de síntomas exagerados si, tal como la explica la psicóloga, tenemos en cuenta que los jóvenes son una franja mas vulnerable al desarrollo de este tipo de conductas, dado que no han aprendido otras conductas incompatibles. Es el caso de los adultos, en cuya vida el mundo digital irrumpió cuando ya habían desarrollado otro tipo de habilidades sociales y, por lo tanto, otras formas de comunicarse.

En este sentido, para evitar que nuestros hijos y menores a nuestro cargo sean víctimas de la adicción a las nuevas tecnologías, desde Clínicas Origen se aboga por un precepto de educación de toda la vida, que consiste en dar ejemplo. Una manera excelente de hacerlo es emplear el teléfono móvil para el propósito para el que fue concebido y no como una herramienta sustitutiva de ocio. Así, aconseja la psicóloga, lo que debemos hacer los adultos es enseñar a los jóvenes la importancia de la escucha activa, del tú a tú, sin dispositivos de por medio. Para estos será necesario marcar un tiempo de conexión.

Es muy importante que el teléfono quede al margen de celebraciones y reuniones familiares, así como de las comidas y cenas diarias, donde ni se debe mirar ni tener cerca.

Nunca es demasiado tarde para comenzar a liberar a los jóvenes de esta adicción, que resulta peligrosa y que hoy día se trata con técnicas y terapias similares a las de los adictos a las compras, una adicción no tóxica pero que puede limitar y contaminar nuestra vida diaria.

Para aquellos padres que ahora estén de vacaciones y que se hayan encontrado con este problema, Pilar Conde deja las siguientes recomendaciones:

  1. Que tengan el tiempo ocupado con actividades que sean atractivas para ellos.
  2. Facilitar el acceso con personas de su edad, para que puedan relacionarse.
  3. Para trabajar este tipo de dependencias, se realiza un trabajo progresivo, por lo que quitar cualquier tipo de conexión cuando uno ha estado “enganchado” todo el día, puede conllevar a un efecto rebote, caracterizado por lo que hemos descrito como síndrome de abstinencia. Por lo que, en la medida de los posible facilitar ciertos momentos al día de conexión.
  4. Fijar esos momentos de conexión y asociarlos a lugares con wifi y a un tiempo de uso limitado.

A la vuelta, será aconsejable pedir opinión a un psicólogo. Es muy importante no perder esos valiosos minutos de desconexión ganados, en muchos casos, en perjuicio de lo que prometían ser unas felices vacaciones familiares.

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