Veroño

¿CÓMO HA AFECTADO EL “VEROÑO” A NUESTRA SALUD?

El otoño ha llegado con más de un mes de retraso. Las elevadas temperaturas de las que hemos sido testigos hasta hace apenas una semana -unos 10 grados por encima a las normales en esta estación- dieron paso a un nuevo concepto: el “veroño”, período de transición que trajo un clima confuso marcado por el calor y la falta de lluvia.

Según los expertos, a tenor de lo ocurrido en octubre, los meses de noviembre y diciembre tendrán que ser muy fríos para dar la vuelta a la anomalía térmica experimentada este año. ¿Puede repercutir esta alteración climática en nuestra salud? La respuesta es sí. La aseguradora de salud Cigna explica las razones:

• Mayor peligro de astenia otoñal con el cambio de hora. Dado que la llegada del otoño no trajo frío y lluvia, la astenia estacional que se tenía que haber experimentado a finales de septiembre se ha retrasado un mes, juntándose con el cambio de hora. El buen clima permitió continuar con la dinámica del verano caracterizada por la socialización, los paseos, las pequeñas escapadas y la ropa fresca.

Ahora, con el cambio de hora, el trastorno afectivo estacional llegará con fuerza, ya que al frío se unirá la reducción de exposición solar, que provoca cambios hormonales en la segregación de serotonina y melatonina, responsables del control biológico y de las emociones. Para sobrellevarlo, habrá que seguir una dieta rica en vitaminas, proteínas y fibra, aumentar el aporte energético y aprovecharse de los alimentos propios de esta estación.

• Aumento de peso. Gracias al buen tiempo, tuvimos más ganas de salir a la calle y disfrutar de los últimos días de calor. De este modo, se comía más fuera de casa, se consumía más alcohol y se descuidaba más la alimentación. A esto hay que sumar la retención de líquidos y el hecho de que las altas temperaturas impedían quemar más calorías de forma espontánea. Teniendo en cuenta que esta práctica habitual del verano ha durado más, el aumento de peso propio de esta época probablemente haya sido mucho mayor. La respuesta estará, por tanto, en marcarse unos buenos hábitos alimenticios y apostar por una dieta sana y equilibrada.

• Cuidado con la gripe. Los cambios bruscos de temperatura del día a la noche, la bajada de defensas provocada por el frío o la reducción de frecuencia en la ventilación, que incita a la acumulación de gérmenes, se traduce en mayores refriados, gripes o enfermedades puntuales. Lo recomendable para prevenir este tipo de patologías será aumentar el consumo de vitamina C; realizar, por lo menos, 30 minutos de caminata diaria y extremar la higiene.

• Más polución en las grandes ciudades. Las altas temperaturas y la falta de aire y lluvia elevaron los niveles de polución en las ciudades. Pese a las lluvias registradas la semana pasada, contaminantes como las partículas en suspensión y el dióxido de nitrógeno continúan perjudicando seriamente nuestros pulmones inhibiendo algunas de sus funciones y reduciendo su resistencia a infecciones o problemas respiratorios (bronquitis, gripe, resfriados, asma…). También se están acentuando los casos de enfermedades cardiovasculares y dermatitis atópica o eccema.

• Por fin…sueños más placenteros. Está comprobado que un ambiente refrigerado ayuda a dormir de forma placentera. Y es que, cuando la temperatura del cuerpo disminuye, el cerebro se prepara para entrar en la fase de sueño y vigilia. Muy distinto a la época de calor, caracterizada por el llamado “insomnio ambiental”, que se produce, fundamentalmente, por la reducción de melatonina causada por las elevadas temperaturas
corporales.

• Aumenta la necesidad de consumo de vitamina D. Varios estudios advierten del déficit de vitamina D cuando llega el otoño, ya que con el frío y el mal tiempo nos vamos exponiendo menos al sol y dejamos de disfrutar de sus beneficios: mayor absorción de minerales como calcio y fósforo, protección frente a enfermedades de la piel como la psoriasis, mejora de trastornos asociados con huesos débiles y mayor agilidad mental. Aunque hemos podido alargar esta exposición dadas las altas temperaturas registradas hasta mediados de mes, ahora esta se reduce, por lo que convendrá ingerir alimentos ricos en vitamina D (salmón, anchoas, caballa, arenque, etc.) o añadir en nuestra dieta complementos de este tipo.

• Vuelven los síntomas del reuma y la artrosis. Según los expertos, la humedad es enormemente perjudicial para las personas que padecen artritis, y el frío intenso y la baja presión atmosférica acentúan el dolor en las articulaciones de los reumáticos.Todo ello se produce porque las articulaciones se vuelven más rígidas y están más contraídas que de costumbre. Dado que el contexto actual se ha caracterizado hasta ahora por el calor y la sequedad, los pacientes con estas enfermedades deberán estar en alerta. Las molestias volverán.

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